Similitud
Tengo
una gata muy linda, hermosa y de color plateado con rayas negras y grises. Su
nombre es Tomoyo en honor a mi faceta otaku, por cierto otaku es -creo- a
propia definición “Alguien a quien le gusta la cultura occidental, en especial
la de Japón y para ser más exactos la que se toma y muestra en formas tales
como los mangas, animes, novelas ligeras, entre otros”
Pero ¿sabría
explicar lo mucho que me gustan los gatos? Son lindos, independientes, viene y
van a placer y gusto, no son tan masoquistas como los perros, son en su
totalidad similares a los seres humanos, son por constitución para mí las
mascotas ideales.
Ahí de
mí, me estremezco con tan solo pensar en lo ocurrido.
Me
imagino que la sensación que sentí cuando me entere de que Tomoyo estaba
preñada seria la misma que sentiría un padre al enterarse de que su hija, la
más pequeña, acabase embarazada por quien sabe que granuja. No soy padre e
imagino que nunca lo seré pero… he aquí el meollo que me trae al confesionario
de esta iglesia, padre.
No
intentare expiar mis culpas, no estoy tan loco como para refugiarme en el
perdón de alguien inexistente, aunque pienso ¿los locos razonan? Fui lo
bastante listo como para acercarme a la parroquia más lejana del pueblo más
desconocido que encontrare para decirle lo que le digo.
¿Entendería
usted la sensación que sentí, punzante, mientras la gata que crie, ame y a la
que le procurase los mejores cuidados, cada semana me mostrase esa vultuosidad
siempre creciente en su pecho ratificándome que de la pureza que tanto había
cuidado ya no quedaban nada?
Ya se
lo había dicho ¿verdad? Que los gatos son en su totalidad similares a las
personas. Quizás sonará enfermizo el que le diga que cual usted, un pedófilo,
yo -quizás un zoófilo- deseaba ya con ansias el copular en el interior de algo
puro. Camino aquí escuche rumores ¿sabe usted? Los rumores nacen de verdades.
Y…
quizás esto le repugne. Poco me importa, terminare y me iré, no nos volveremos
a encontrar, seguiremos nuestros caminos. Solo sentí la urgencia de querer
contárselo a alguien; quizás algún día corra con mi misma suerte.
Ese día
¿sabe? Era un día conocido solo por pocos. Era el día del otaku, quince de
diciembre, si y ella, Tomoyo, ese día vino a mí y ronroneándome se recostó
sobre mi compartiendo conmigo la cama… no lo soporte mas y… ¿sabe? En ese
momento estaba viendo Mahou Shojo Neko, no espero entienda lo que significa
eso; solo le diré que era una especie de porno zoófilo y pues embriagado en éxtasis
y alcohol yo…
Ahí de
mí, me estremezco con tan solo pensar en lo ocurrido.
Torcerle
el cuello, abrir su estomago, sacar los fetos que moviéndose fueron arrancados
del cálido y mancillado cuerpo que deleitante viole hasta el atasco.
No creo
entienda que aun después, sobrio comprendí que había disfrutado del acto, que
deseaba aun hacérselo al cadáver, que quería hacérselo a otro gato pues son en
su totalidad similares a los seres humanos.
Tampoco
creo comprenda que, hoy veintiuno de diciembre, siento la necesidad ya
demencial de querer hacérselo a una chica pues ellas en su totalidad también
son similares a Tomoyo.
Ya
verdaderamente es difícil el intentar suprimir este deseo ¿sabe? Por eso espero
no le sea demasiada molestia el limpiar el charco de sangre que dejare después
de dispararme con esta pistola que cogí después de dejar inconsciente a un
policía.
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