martes, 23 de diciembre de 2014

Similitud

Similitud

Tengo una gata muy linda, hermosa y de color plateado con rayas negras y grises. Su nombre es Tomoyo en honor a mi faceta otaku, por cierto otaku es -creo- a propia definición “Alguien a quien le gusta la cultura occidental, en especial la de Japón y para ser más exactos la que se toma y muestra en formas tales como los mangas, animes, novelas ligeras, entre otros”
Pero ¿sabría explicar lo mucho que me gustan los gatos? Son lindos, independientes, viene y van a placer y gusto, no son tan masoquistas como los perros, son en su totalidad similares a los seres humanos, son por constitución para mí las mascotas ideales.
Ahí de mí, me estremezco con tan solo pensar en lo ocurrido.
Me imagino que la sensación que sentí cuando me entere de que Tomoyo estaba preñada seria la misma que sentiría un padre al enterarse de que su hija, la más pequeña, acabase embarazada por quien sabe que granuja. No soy padre e imagino que nunca lo seré pero… he aquí el meollo que me trae al confesionario de esta iglesia, padre.
No intentare expiar mis culpas, no estoy tan loco como para refugiarme en el perdón de alguien inexistente, aunque pienso ¿los locos razonan? Fui lo bastante listo como para acercarme a la parroquia más lejana del pueblo más desconocido que encontrare para decirle lo que le digo.
¿Entendería usted la sensación que sentí, punzante, mientras la gata que crie, ame y a la que le procurase los mejores cuidados, cada semana me mostrase esa vultuosidad siempre creciente en su pecho ratificándome que de la pureza que tanto había cuidado ya no quedaban nada?
Ya se lo había dicho ¿verdad? Que los gatos son en su totalidad similares a las personas. Quizás sonará enfermizo el que le diga que cual usted, un pedófilo, yo -quizás un zoófilo- deseaba ya con ansias el copular en el interior de algo puro. Camino aquí escuche rumores ¿sabe usted? Los rumores nacen de verdades.
Y… quizás esto le repugne. Poco me importa, terminare y me iré, no nos volveremos a encontrar, seguiremos nuestros caminos. Solo sentí la urgencia de querer contárselo a alguien; quizás algún día corra con mi misma suerte.
Ese día ¿sabe? Era un día conocido solo por pocos. Era el día del otaku, quince de diciembre, si y ella, Tomoyo, ese día vino a mí y ronroneándome se recostó sobre mi compartiendo conmigo la cama… no lo soporte mas y… ¿sabe? En ese momento estaba viendo Mahou Shojo Neko, no espero entienda lo que significa eso; solo le diré que era una especie de porno zoófilo y pues embriagado en éxtasis y alcohol yo…
Ahí de mí, me estremezco con tan solo pensar en lo ocurrido.
Torcerle el cuello, abrir su estomago, sacar los fetos que moviéndose fueron arrancados del cálido y mancillado cuerpo que deleitante viole hasta el atasco.
No creo entienda que aun después, sobrio comprendí que había disfrutado del acto, que deseaba aun hacérselo al cadáver, que quería hacérselo a otro gato pues son en su totalidad similares a los seres humanos.
Tampoco creo comprenda que, hoy veintiuno de diciembre, siento la necesidad ya demencial de querer hacérselo a una chica pues ellas en su totalidad también son similares a Tomoyo.

Ya verdaderamente es difícil el intentar suprimir este deseo ¿sabe? Por eso espero no le sea demasiada molestia el limpiar el charco de sangre que dejare después de dispararme con esta pistola que cogí después de dejar inconsciente a un policía.

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