Taki Ongoy Texto N° 1
(Fragmento) Por Víctor Heredia
Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz
en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces,
no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no
había viruela, no había ardor de pechos, no había enflaquecimiento. Sanos
vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. pero ese
tiempo acabó, desde que ellos llegaron con si odio pestilente y su nuevo dios y
sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos
extrañamente amarillos, sus perros asesinos.
Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos
por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el
engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos
nada quedo en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo
torturaron, lo mataron. cincuenta y seis millones de los nuestros, cincuenta y
seis hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso
genocidio, que la pequeña luz que aun arde como ejemplo de lo que fueron
algunas de las mas grandes culturas de mundo,, se propague y arda en una llama
enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y de ser así que se sepa
la verdad, la terrible verdad de como mataron y esclavizaron a un continente
entero solo para saquear la plata y el oro y la tierra. De como nos quitaron
hasta la lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con
horribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor que el de haberlos
confundido como nuestros propios dioses y dejado que entraran a nuestras casa y
templos y valles y montañas.
Pero no nos han vencido, hoy, al igual que ayer, todavía
peleamos por nuestra libertad.
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