martes, 23 de diciembre de 2014

Amistad y frágil fidelidad

Amistad y frágil fidelidad

Es porque deseo morir que vivo y será el día en el que desee vivir cuando muera.
A su lado estaba su gata Hinagiku, ambos estaban solos en ese departamento. Sad aun no tenía cuarenta años pero en ese preciso instante se sentía como una solte…. Digo, como un soltero cuarentón estereotipado.
No había nada que decir de él, nada que relatar de la gata, solo…  solo eran un amo y su mascota.
Dícese que los gatos no nos consideran como a sus amos sino que a la inversa, tú eres la mascota y tu casa realmente les pertenece a ellos, también dícese que si los gatos te lamen es porque ya te consideran de su propiedad. Nada de esto importaba.
Así mismo podia decirse también que el amo realmente sentía afecto sincero por su mascota y viceversa.
Enfermizo realmente era a veces el ver como su relación parecía rallar más y más el tabú de la zoofilia. Así creían con certeza los allegados de Sad quienes sin autorización suya pactaron varias citas con el psicólogo del área pensando en que ya irremediablemente se le había aflojado un tornillo.
Cierto es que un loco no razona o entiende, de buenas a primeras el aspecto del mencionado parecía no carecer de ese encanto bizarro característico de alguien a quien supuesto esta se le aflojo una tuerca del coco, pero ya desde la adolescencia Sad mostro ser así. Normal era y cual si fuera lo más normal del mundo decía siempre sonriente “Amo a mi gata tanto o más que a mi computadora (pues tenía una) y si pudiera me casaría con ella”
Dicho esta que no es ningún pecado (al menos ahora) el ser un clavo torcido en un mar de “perfección circundante” siempre y cuando funcionases bien en la sociedad, le sirvieses a la sociedad y tal, pues en estos tiempos modernos la felicidad siempre parecería encontrarse desde la puerta de nuestra casa para adentro.
Y él enclaustrado en su mundo era feliz, funcional para la sociedad también era así que ¿qué podría temer?
Criticas no importaban pues vivía continuamente con ellas. Eso sí, había siempre un demonio acechante tras esas discriminaciones que con el tiempo…
 “Chu chu”, chito llamando a su compañera… “Chu chu” llamo “Chu chu chu” y llamo sin escuchar respuesta alguna.
…aparecería para atentar contra, esa, su felicidad pues cuando un clavo esta torcido cae como deber enderezarlo.
Hinagiku ya no aparecería.
En el desinteresado y abnegado amor de un animal hay algo que llega directamente al corazón del que ha tenido frecuente ocasión de comprobar la inconsistente amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Sad le siguió.
Es inconsistente pero cuando una persona ama algo ¿cómo podría desembarazarse tan fácilmente de ello?

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