No
importa que esté a punto de caer por el precipicio de desesperanza que he
creado, jamás me tenderías tu mano. Porque somos humanos ni tú me la darías ni
yo te la pediría; porque jamás reconoceríamos nuestros propios errores; porque
ni en mis sueños podría encararte, por miedo quizás; jamás podría decirte lo
que esas líneas en blanco querrían decirte en aquella, nuestra última
conversación.
Un
momento de remordimiento fugaz quizás. Hoy lamento lo que en el pasado
consideraba lo correcto, acertado y lo que me podría conducir hasta la mismísima
felicidad que en este presente considero no existe. Y… si existiese… O te la arrebate
para después devolvértela junto a la mía o simplemente no estoy destinado a
conseguirla.
Soy,
por constitución, neta y puramente un ser despreciable. No se necesita de mucho
para que una persona se sintiere así consigo misma: una patada, un golpe, una
bocanada de realidad; lamentarse por lo ocurrido en el pasado y… saber que lo
perdido nunca regresara.
Lloraría
sobre la leche derramada pero ya no puedo, es lamentable. Porque soy humano,
porque tú lo eres, porque todos lo somos; tenderemos a evitar lo que nos puede
causar más daño aunque eso evitase a largo plazo daños muchos mayores.
Es
irracional si lo pienso y me lo planteo otras mil novecientas dos veces más
para llegar a las mismas repuesta “tengo miedo” “Ya no importa, el tiempo ha
pasado” y me auto consuelo sabiendo que en mis negativas solo retraso lo
inevitable. Viviendo como alguien normal, ocultándoselo a los demás, aferrándome
al pasado, intentando olvidar algo que jamás querría o podría.
Heme
aquí, un coctel molotov ambulante.
¿Cuáles
son los síntomas de la depresión? ¿Cuáles son los pormenores de guardármelo
todo para mi mismo? Hey, la soledad no me habla solo me escucha.
No
necesito de un receptor silente, eso realmente me molesta. Porque soy humano
siento, pienso, respiro, exhalo, recuerdo algo que deseo olvidar y algo que
deseo reparar. Y porque lo somos, cura para este malestar a corto plazo no lo
habrá, claro, si es que la hay.
Y he
aquí el meollo del asunto, cura jamás existió para mi dolencia porque por miedo
a que fuese peor que la enfermedad la he negado. Estoy en mi límite: vivo,
respiro, soy para la sociedad funcional; pero en mi interior un engranaje,
tuerca, cabo suelto no me permite estar cual mecanismo de relojería suiza.
Y es
que por constitución soy neta y puramente un ser despreciable que por un momento de remordimiento fugaz
quizás, al no poder aguantar tanta dolencia, he decidido acabar con esta
molestia de la manera más indolora y certera posible; suicidándome,
muriendo, escapando y así dejando de sufrir por tal insignificante error
cometido hace un par de años.
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