jueves, 30 de julio de 2015

Peregrinación

En algún momento de la vida nos planteamos la pregunta “¿Qué estoy haciendo con mi vida?”

Un muy hermoso escarmiento es el que estoy sintiendo en este momento y… nada, neta, pura y enteramente veo a mi alrededor y nada; el ruido ensordecedor y el sonar de mis auriculares acallándolo todo como si de ellos dependiese mi poca cordura.

En esta noche de estigma cruzo, camino y me mezclo en esta peregrinación. Sufro en silencio, mis pensamientos; ellos y nadie más pueden escuchar mi corazón, cuerpo y alma gritar en agonía.

Y… Observo… Lo eludo todo excepto el sacro, puro y despejado cielo nocturno… La luna me sonríe, imagino eso y a la vez sueño una conversación con ese satélite iluminado a medias por el sol; “¿Por qué sonríes?” pregunto “¿Por qué esa cara tan larga?” el responde y así vuelvo a mi peregrinación llena de escarmiento y autoflagelación emocional.

“¿Qué estoy haciendo con mi vida?” Le estoy preguntando al yo pasado que por breves momentos desearía sufriese lo mismo que el yo presente. Y me comparo, ya reflexionando y recordando un libro en mi pasado leído.

En síntesis a mi pobre memoria me siento el principito, he llegado a un planeta demasiado alejado de mi natal hogar, la flor que siempre tenía a mi lado ya no lo está y en su lugar por reemplazo hayo a un aviador extraviado, mi salida el suicidio.

Escarmiento, reflexiono y planteo.

A veces ilógicamente, y hoy no es la acepción, pienso: La cura es peor que la enfermedad ¿me habré equivocado? Siento que envés de cura estoy recibiendo una alta dosis de negligencia médica.

¿Qué estoy haciendo con mi vida? Espero algún día obtener respuesta para tan simple y a la vez paradójico enigma. El principito se plantea una solución, algo opcional, pues él sabe por conocimiento no bien fundamentado que la flor que tenía a su lado ya es inalcanzable.



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