En
algún momento de la vida nos planteamos la pregunta “¿Qué estoy haciendo con mi
vida?”
Un muy
hermoso escarmiento es el que estoy sintiendo en este momento y… nada, neta,
pura y enteramente veo a mi alrededor y nada; el ruido ensordecedor y el sonar
de mis auriculares acallándolo todo como si de ellos dependiese mi poca
cordura.
En esta
noche de estigma cruzo, camino y me mezclo en esta peregrinación. Sufro en
silencio, mis pensamientos; ellos y nadie más pueden escuchar mi corazón,
cuerpo y alma gritar en agonía.
Y…
Observo… Lo eludo todo excepto el sacro, puro y despejado cielo nocturno… La
luna me sonríe, imagino eso y a la vez sueño una conversación con ese satélite
iluminado a medias por el sol; “¿Por qué sonríes?” pregunto “¿Por qué esa cara
tan larga?” el responde y así vuelvo a mi peregrinación llena de escarmiento y
autoflagelación emocional.
“¿Qué
estoy haciendo con mi vida?” Le estoy preguntando al yo pasado que por breves
momentos desearía sufriese lo mismo que el yo presente. Y me comparo, ya
reflexionando y recordando un libro en mi pasado leído.
En síntesis
a mi pobre memoria me siento el principito, he llegado a un planeta demasiado
alejado de mi natal hogar, la flor que siempre tenía a mi lado ya no lo está y
en su lugar por reemplazo hayo a un aviador extraviado, mi salida el suicidio.
Escarmiento,
reflexiono y planteo.
A veces
ilógicamente, y hoy no es la acepción, pienso: La cura es peor que la enfermedad
¿me habré equivocado? Siento que envés de cura estoy recibiendo una alta dosis
de negligencia médica.
¿Qué
estoy haciendo con mi vida? Espero algún día obtener respuesta para tan simple
y a la vez paradójico enigma. El principito se plantea una solución, algo
opcional, pues él sabe por conocimiento no bien fundamentado que la flor que tenía
a su lado ya es inalcanzable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario