domingo, 7 de junio de 2015

Sueño-Zombyra

Sueño-Zombyra

Se rasco la cabeza, la barbilla y bostezo. Hoy se había levantado más temprano de lo habitual, lo sabia pues aun todo lo veía oscuro.

Tenía sudor, lo notó. Quizás creyó, Zombyra, tener una pesadilla pues ahora todo le resultaba vago, confuso y lo único que recordaba de ello eran las palabras “Si no escribes no existes” seguidas a la par por “Si afirmas que algo no existe reafirmas su existencia”.

Las leyendas dictadas olvido Zombyra que fueron dichas por dos presencias femeninas. Sabía que también algo más se le olvidaba pero no lo recordaba.

Esa pesadilla quizás en tiempo real le haya durado toda la noche pero en el sueño transcurrieron solo minutos, minutos que… aunque ahora lo haya olvidado él se encontraba en cuerdo-mundo, un mundo de pesadillas creado por su subconsciente ya hacia un tiempo en un intento por imitar las deficiencias de la humanidad. Un producto perteneciente y alojado solo en su vivida imaginación.

A duras penas podía abrir los ojos. Realmente quería volver a dormir pero ya resultaría eso demasiado imposible, se conocía demasiado bien y sabía que en momentos como estos su demonio de lo perverso le impediría conciliar el sueño. Los relatos de Edgar Allan Poe resultaron en la posterior creación de ese homónimo que sabía que poseía pero no de donde, el cómo o cuando dado con él.

Se reincorporó e intentando sentarse a la orilla de la cama sintió lo que algunas veces le sucedía al levantarse del catre: que se le nublaba la vista y que la sangre se le subía a la cabeza. Lo vio todo de color blanco y lo recordó, el sueño, cosa que era demasiado extraña pues recién había despertado.
Y por dios que no lo volvería a olvidar pues se lo llevaría a la tumba.

Se hallaba en la parte trasera de la vieja casona en la que antes había vivido con su familia, su forma era la de un niño de no más de cinco años, a su alrededor varias viñas y el entorno que lo rodeaba permanecía de un color gris. Desde su espalda emergió la sombra que desde pequeño sabia tendría como perseguidora  paseándose a su alrededor. Un sueño recurrente que duraba siempre horas y a la vez minutos; y que por vez primera tendría continuación pues la sombra de sus sueños se había revelado frente a él…

Mostrando su cara.

Estaba a punto de morir de nuevo, por segunda vez pues la primera había sucedido ya hacía demasiado. El sueño recurrente resulta haber sido real y la sombra resulto haber sido el personaje ejecutor; y su vida resulta haber sido la narración excautiva y en permanente penitencia de una madre sin cordura que, al no poder proteger ni llevar a la justicia al asesino pues la sombra es sombra debido a que jamás se supo quien fue, se figuro al niño perdido aun con vida.

Cuerdo-mundo tubo ese origen y las dos pasadas oraciones fueron dichas, en una conversación dada cerca del cuarto que habitaba en ese internado, por una psicopedagoga y una psicóloga que a la larga dejarían de visitar a la ahora sin hojas, birome, con osteoporosis, derrame cerebral  y en coma de madre que sin resignarse a lo ocurrido revivió y mantuvo con vida al en este momento agonizante Zombyra pues… sin nadie escribiendo su vida él no existiría.

Y si lo vemos desde otro punto de vista, nosotros tampoco existiríamos sin que nadie nos escribiese, he ahí el origen del alfa y el omega denominado dios.

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