Sueño-Zombyra
Se
rasco la cabeza, la barbilla y bostezo. Hoy se había levantado más temprano de
lo habitual, lo sabia pues aun todo lo veía oscuro.
Tenía
sudor, lo notó. Quizás creyó, Zombyra, tener una pesadilla pues ahora todo le
resultaba vago, confuso y lo único que recordaba de ello eran las palabras “Si
no escribes no existes” seguidas a la par por “Si afirmas que algo no existe
reafirmas su existencia”.
Las
leyendas dictadas olvido Zombyra que fueron dichas por dos presencias
femeninas. Sabía que también algo más se le olvidaba pero no lo recordaba.
Esa
pesadilla quizás en tiempo real le haya durado toda la noche pero en el sueño
transcurrieron solo minutos, minutos que… aunque ahora lo haya olvidado él se
encontraba en cuerdo-mundo, un mundo de pesadillas creado por su subconsciente
ya hacia un tiempo en un intento por imitar las deficiencias de la humanidad.
Un producto perteneciente y alojado solo en su vivida imaginación.
A duras
penas podía abrir los ojos. Realmente quería volver a dormir pero ya resultaría
eso demasiado imposible, se conocía demasiado bien y sabía que en momentos como
estos su demonio de lo perverso le impediría conciliar el sueño. Los relatos de
Edgar Allan Poe resultaron en la posterior creación de ese homónimo que sabía
que poseía pero no de donde, el cómo o cuando dado con él.
Se
reincorporó e intentando sentarse a la orilla de la cama sintió lo que algunas veces le sucedía al levantarse del catre: que se
le nublaba la vista y que la sangre se le subía a la cabeza. Lo vio todo de
color blanco y lo recordó, el sueño, cosa que era demasiado extraña pues recién
había despertado.
Y por
dios que no lo volvería a olvidar pues se lo llevaría a la tumba.
Se
hallaba en la parte trasera de la vieja casona en la que antes había vivido con
su familia, su forma era la de un niño de no más de cinco años, a su alrededor
varias viñas y el entorno que lo rodeaba permanecía de un color gris. Desde su
espalda emergió la sombra que desde pequeño sabia tendría como
perseguidora paseándose a su alrededor.
Un sueño recurrente que duraba siempre horas y a la vez minutos; y que por vez
primera tendría continuación pues la sombra de sus sueños se había revelado
frente a él…
Mostrando
su cara.
Estaba
a punto de morir de nuevo, por segunda vez pues la primera había sucedido ya
hacía demasiado. El sueño recurrente resulta haber sido real y la sombra
resulto haber sido el personaje ejecutor; y su vida resulta haber sido la
narración excautiva y en permanente penitencia de una madre sin cordura que, al
no poder proteger ni llevar a la justicia al asesino pues la sombra es sombra
debido a que jamás se supo quien fue, se figuro al niño perdido aun con vida.
Cuerdo-mundo
tubo ese origen y las dos pasadas oraciones fueron dichas, en una conversación
dada cerca del cuarto que habitaba en ese internado, por una psicopedagoga y
una psicóloga que a la larga dejarían de visitar a la ahora sin hojas, birome, con
osteoporosis, derrame cerebral y en coma
de madre que sin resignarse a lo ocurrido revivió y mantuvo con vida al en este
momento agonizante Zombyra pues… sin nadie escribiendo su vida él no existiría.
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