No esperéis
un argumento, no lo tendrán. Sola, pura y netamente divagare.
Hoy podría
matar a alguien, mañana resucitarla y pasado armar una fiesta de cumpleaños en
pleno funeral.
Es
hermoso, horriblemente hermoso, traumatizantemente bello…
Me
pregunto que abre inhalado hoy, siento que el bolígrafo guía mis manos ¿escribo
o alguien me escribe?
El
demonio de lo perverso de Edgar Allan Poe me dicta a seguir con este escrito
que posiblemente nadie lea. Nadie lo leerá es obvio.
Desde
hace poco más de un año que nadie ha traspasado las puertas que me separan de
ese edén malformado llamado humanidad. Una habitación repleta de tinieblas y
una pantalla de ordenador como ventana son el único bien preciado que poseo.
Oh, por poco y olvidaba aquella insignificante otra posesión: mi madre; que a
razón de esfuerzo ha logrado pagar mes a mes la factura del internet. Si, esfuerzo…
el que una madre siempre le brinda a su hijo a razón de amor o quizás una
manera de expiación.
He
inhalado el olor nauseabundo de mi porqueriza. Saben lo que es el demonio de lo
perverso ¿verdad?
Es esa
voz en nuestra mente que nos impulsa a cometer cualquier atrocidad por el mismísimo
hecho de saber que no debemos hacerlo. Todo poseemos ese tan gentil ángel guardián,
el mío me dicta recluirme en esta fortaleza.
Un
golpe, el segundo y el tercero…
Golpeo
mi cabeza mientras veo el cielo raso de esta prisión, veo la hora en el
computador y le digo al vacio “Valla, pronto será la hora de cenar” como si esperase
a que alguien me respondiese desde el silenciar.
Pronto
mi madre tocara la puerta, dejara el plato en el suelo y se marchará; la
entrada se abrirá, asomaré mi vista, agarraré el plato y desapareceré para
luego volver, devolverle el plato vacio, hundirme en la inmundicia y repetir
este malditamente bendito circulo vicioso…
Moriré,
no… Quien no me jura que yo ya lo esté… Nadie en el mundo sabe de mi existencia
y yo de la suya menos. Si no existo para ellos, ellos menos para mí, entonces…
¿la humanidad existe acaso? ¿Yo y mi madre seremos los únicos monos en la faz
de la tierra?
Estoy
actuando de manera demasiada loca. La tenue luz al menos me permite escribir
¿por qué estoy escribiendo en el cadáver de un árbol cuando poseo un procesador
de texto frente a mí? Pienso…
Dios,
tengo hambre…
Reproduciré
el Cannon en D de Pachelbel e imaginare mi muerte un par de veces más. Esto es
raro, un muerto imaginando su propia muerte.
Y de
vuelta me pregunto ¿qué demonios me abre fumado? Sabiendo que lo más cercano a
un cigarro de marihuana que poseo es el internet de mi amado ruter.
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